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Ver cookiesRegresó de la deportación en 2022
Artem, de dieciséis años, nunca imaginó que un viaje para recoger su certificado de graduación terminaría en un secuestro. Ese día en Kupiansk, las fuerzas rusas cerraron la ciudad y fue llevado a la fuerza de su internado junto con un grupo de compañeros. Fueron transportados a través de territorios ocupados y colocados en un orfanato en ruinas en Perevalsk. La vida allí era dura: sin una educación adecuada, poca comida, y los niños eran obligados a cantar el himno ruso y usar uniformes militares. Durante semanas, Artem no tuvo forma de contactar a su madre. Pero cuando finalmente logró llamarla, ella no dudó: cruzó al territorio ocupado y lo trajo a casa.
Su acción hoy moldea un mañana más seguro y brillante para los niños ucranianos
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