8 de marzo de 2026

Todo proceso de paz serio comienza con una prueba de credibilidad. Antes de congelar fronteras, extender garantías o aliviar sanciones, los negociadores deben determinar si las partes están dispuestas y son capaces de cumplir con las obligaciones más básicas de la paz.
En Ucrania, esa prueba es clara: ¿Devolverá Rusia a los niños ucranianos que ha secuestrado?
El Secretario de Estado Marco Rubio dijo recientemente en una audiencia del Senado que el estatus territorial de la región ucraniana de Donbás es el último asunto que queda sin resolver en las negociaciones de paz. Pero esa afirmación genera falsas esperanzas e ignora uno de los temas más importantes para el público estadounidense, más allá de las líneas bipartidistas y defendido por una amplia coalición de comunidades religiosas: el regreso de los niños ucranianos secuestrados y asimilados por la fuerza.
Esto no es una preocupación humanitaria marginal. Es la medida más directa de si Rusia tiene la intención de respetar cualquier acuerdo futuro en absoluto.
Decenas de miles de niños ucranianos siguen sin ser localizados después de haber sido trasladados por la fuerza a la Federación Rusa o puestos bajo control ruso. Además, se estima que 1,6 millones de niños viven en territorios temporalmente ocupados, donde Rusia ha construido extensos sistemas de adoctrinamiento, militarización y borrado legal.
